América Latina está conformada por un cúmulo de Estados que comparten tradiciones, cultura, civilizaciones y una historia común. En su mayoría, pasaron por procesos de independencia que dieron lugar a un cúmulo de tensiones que, hasta día de hoy, siguen sin resolverse.

Con el desarrollo de la pandemia muchos analistas políticos mostraron su preocupación ante el crecimiento de los papeles internos y de la influencia política de las fuerzas armadas de la región, llegando a superar a las dictaduras que tuvieron lugar durante la época de la Guerra Fría, cambiando así, las relaciones cívico-militares. En el último año hemos visto cómo las relaciones cívico-militares se han hecho más palpables con el desarrollo de la pandemia y cómo se ha incrementado el papel de las fuerzas armadas, siempre presentes en momentos de especial vulnerabilidad.

Por un lado, las acusaciones de golpismo han impregnado la política latinoamericana de los últimos años, con las recientes imágenes de soldados ocupando las instituciones del Congreso y el Senado. El último, en Bolivia, tras las protestas del fraude electoral por Evo Morales. Además de su protagonismo en las crisis políticas, también se ha producido recientemente un incremento de las misiones asumidas por militares, orientadas a la lucha contra el crimen organizado, para algunos, como forma de incrementar su influencia política. Ante esto, son muchos los organismos que se han pronunciado en defensa de los derechos humanos, exponiendo las violaciones de derechos humanos ocurridas durante estas misiones.

De forma simultánea, y con el aumento de las restricciones de movilidad, se ha producido también una expansión de las tareas de asistencia sanitaria y distribución de servicios de los militares, dando lugar a una combinación de tareas de las funciones de vigilancia y apoyo de provisión de servicios, una cuestión que ha producido una gran sensación de inseguridad, por el temor de una resurrección del poder militar en la región.

Los déficits democráticos, los golpes contra gobiernos populistas, la agudización de la polarización y la ineficiencia de los gobiernos democráticos son las causas que se le atribuyen a este incremento de la presencia militar. La alternativa militar, para muchos, se presenta como una forma de fortalecimiento de los sistemas políticos en situaciones en las que los gobiernos son incapaces de encontrar soluciones mediante la negociación y el compromiso democrático.

Según los datos que ofrece el Proyecto de Opinión Pública de América Latina de la Universidad de Vanderbilt, el porcentaje del promedio de apoyo a los golpes militares en América latina es de un 40% aproximadamente, un número bastante alto y que preocupa a un gran número de partidos políticos que han visto cómo su prestigio, ante la opinión pública, ha disminuido considerablemente con respecto al de las fuerzas armadas.

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