Nos encontramos ante un contexto impredecible, los hechos cambian y el rol que ocupan las distintas instituciones ha tenido que adaptarse a las circunstancias que vivimos actualmente. Esta crisis está suponiendo un desafío para la Unión Europea, las consecuencias humanitarias y económicas todavía son difíciles de estimar, pero si de algo tenemos certeza a día de hoy es de que esta crisis nos está dejando un panorama muy incierto. Por ello, el establecimiento de garantías en cuanto a derechos humanos para las personas que saldrán más sufridas de esta crisis es una cuestión prioritaria.

Tanto el Consejo Europeo como el Parlamento han planteado medidas que contemplan los aspectos más importantes de esta crisis. La Comisión Europea se ha centrado principalmente en tres cuestiones: la movilidad, la economía y la investigación científica. Su objetivo es invertir la tendencia de la infección, dar tiempo a los sistemas sanitarios para que se pueda garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Para la compra de material médico y producción de este, el Consejo Europeo ha desempeñado una función de coordinación con los Estados miembros mediante la publicación de orientaciones que desarrollan los procedimientos de licitación. Parte de estas orientaciones también incluyen la producción de equipo de protección personal; mascarillas, desinfectantes y la impresión 3D para garantizar la eficacia de las mascarillas.

Para la financiación de estos productos, la Comisión Europea puso en marcha también una iniciativa de inversión, que consta de 37.000 millones de euros destinados a dar una mayor liquidez a las pequeñas empresas y al sector sanitario, que también cuenta con la activación del Instrumento de Ayuda de Emergencia de la Unión Europea , 2.700 millones de euros, y la Iniciativa de Solidaridad Sanitaria de la Unión Europea, destinada al apoyo de sistemas sanitarios por el valor de 6.000 millones de euros.

A pesar de estas medidas, son muchas las dudas que surgen acerca de si realmente la Unión Europea está afrontando esta crisis de la manera más efectiva y equitativa. Esta pandemia podría ser una oportunidad única para dirigirnos hacia el colectivismo y la ayuda comunitaria, avanzar hacia una Europa más conjunta y fuerte. Hay dudas, principalmente si las medidas que se están tomando corresponden a los valores compartidos de la Unión Europea o si ésta se ha convertido en una asociación instrumental canalizadora de intereses nacionales y decisiones individuales que no responden al beneficio común. Hace falta cohesión y sobre todo liderazgo para superar una crisis asimétrica que afecta de distintas formas. Cada paso que toma la Unión Europea es importante en tanto que las decisiones políticas que se tomen pueden empujar a la ciudadanía hacia el escepticismo.

Para que la actuación de la Unión Europea esté a la altura del desafío es necesario que actúe de forma responsable y acorde a los valores que nos unen a todos. Las ayudas económicas no son suficientes si no van acorde a una cuestión moral que responda favorablemente a aquellas personas en situación de vulnerabilidad. El desafío quizás no se encuentra tanto en la pandemia como tal, ni tampoco en la perduración de la UE como institución política, sino en la superación del individualismo. Avanzar hacia lo colectivo, lo comunitario, ver las semejanzas en el otro y educar hacia una cultura democrática.

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