Negociar es sin duda un arte complicado, un hilo apenas visible que dos debéis cruzar a la vez siendo además muy probable la caída, ya que si uno pierde el equilibrio su alter ego deberá compartir forzosamente su agonía. Y eso no es todo, incluso logrando alcanzar el otro lado a través de coordinar los pasos con el contrario un amargo sin sabor será vuestro desenlace, pues tal como el oponente os cedió parte de sí una parte de vosotros debió quedar en sus manos.

Con esta metáfora explicamos la esencia del negociar, su objetivo y requisitos.  Sin olvidar que cuando dos personas persiguen un bien común siguiendo idéntico camino, no negocian. Es precisamente la diferencia la que origina este suceso, la distinta aspiración, pensamientos tan dispares, orígenes diversos y principios que difieren y provocan el debate, poniendo en contacto realidades enfrentadas obligadas a entenderse con el fin de progresar. De ahí que justo esta diferencia, justo esta distinción, sea la que impide o bien permite que crucemos ese hilo.

¿Creen poder atravesarlo si su opuesto simplemente espera inmóvil que se rindan? Por supuesto que no. Del mismo modo que si no ceden lo necesario para poder ambos cruzar jamás alcanzaran el triunfo que tanto ansían. Extraemos pues que antes de iniciar el delicado trayecto que supone negociar, de dar comienzo al conflicto entre ideas y conceptos, debemos asumir la muerte de algún argumento. Toda guerra, y el negociar es una guerra, termina por cobrarse víctimas, cosa que ustedes no pueden impedir aun portando una corona, pues no conozco un solo rey que lograra el regreso de cada uno de sus guerreros. De ahí que debas seleccionar de entre tus soldados (Tus argumentos) a los que creas más débiles,  logrando con su sacrificio una victoria colectiva, tanto para ti que renunciaste a ellos, como para tu enemigo, que sufrió también la pérdida de varias de sus ideas.

No lo duden, solo así es posible, aceptando la tragedia y sufriendo de antemano, sabedor de que tus lágrimas serán tu salvoconducto.  De otro modo, quedaréis eternamente a la espera de que el rival capitule y renuncie a todo cuanto cree, siendo esto tan extraño como poco aconsejable. Mejor optad por mi consejo, aceptad la muerte anunciada de parte de vuestro ser, es el precio que supone negociar, única contienda donde ambos bandos finalizan vencedores.

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